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El Convento do Carmo, donde se encuentra el Museo Arquelógico, es de los pocos edificios que sobrevivió al terrible terremoto que tuvo lugar en Lisboa la mañana del 1 de noviembre de 1755. Según las fuentes de la época, el terremoto duró entre tres y seis minutos, abriendo grandes grietas por toda la ciudad. Cuando el terremoto hubo remitido, tres tsunamis que duraron entre 10 y 20 minutos aproximadamente devastaron las zonas del puerto y centro.
En el resto de la ciudad, proliferaron los incendios destruyendo todo lo que encontraron a su paso durante, al menos, cinco días. Lisboa fue reducida a escombros y cenizas. De una población de 275.000 habitantes, murieron unos 90.000 aproximadamente. El Rey José I y su primer ministro, el Marqués de Pombal, fueron los artífices de la rápida reconstrucción de una nueva Lisboa, con amplias avenidas y ordenación impecable para la época. Decir como dato curioso que los nuevos edificios son los primeros resistentes a terremotos del mundo. Pasear por el convento, hoy en ruinas, que se conserva tal como quedó tras la tragedia es una experiencia difícil de explicar, entre romántica y morbosa. Las columnas medio derruidas, la estructura a las vista, ya que el techado cayó precisamente durante una misa, restos esparcidos por un suelo en que crece la hierba y una inquietante tranquilidad pueden transportarte al mundo de caos, humo y destrucción que se vivió aquella mañana de hace casi tres siglos.
EL MUSEO En él podemos encontrar restos arqueológicos conservados de las primeras tribus que habitaron la zona (destacamos las colecciones del poblado de la Edad del Bronce de Vilanova de Sao Pedro y los ídolos calcolíticos), recuerdos fenicios, romanos (famosa tumba de las musas) y árabes, haciendo un recorrido por la historia de la ciudad que llega hasta la Edad Media. Está dispuesto en cuatro salas, la más llamativa es la que contiene un exótico elenco de objetos y enseres de América del Sur, destacando una momia (inca parece ser) que es lo más impactante para el público en general. Interesante es también la sala dedicada a biblioteca, porque se conserva con el mobiliario original de las primeras reuniones de la Asociación.
ACCESO Para acceder al convento tienes dos opciones: a través del elevador de Santa Justa para ahorrarte cuestas, que te deja en la misma plaza do carmo y además puedes pagar con la tarjeta del autobús o metro; o subir caminando por el barrio, disfrutando de sus tiendas, cafes y ferviente vida, pero ¡atención a las cuestas!
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